Todos conocemos ya el concepto de “certificado energético”. Lo asociamos, principalmente, a nuestra vivienda, pero no todos sabemos qué potencial tiene el acto de evaluar energéticamente nuestro inmueble, que también puede ser nuestro negocio o pequeña industria.

El sector ha enfocado este requisito regulado por el Real Decreto 390/2021 como un trámite que, en muchos casos, ni requiere visita, bastando una toma de datos impersonal con las herramientas cartográficas online de las que todos ponemos disponer.

La pregunta que uno puede hacerse es ¿cómo va a aportarme un valor diferencial un proceso que ni siquiera lleva aparejada una visita a mi vivienda para comprobar los problemas que puedo tener? Y es que encargamos el certificado cuando tenemos que “resolver el trámite”: necesitamos vender y lo único que nos importa es tener la etiqueta, sin entrar a valorar nada más.

Qué beneficios estás perdiendo al no hacer un análisis energético real

En ese “nada más” pasamos por alto muchas cosas: tener una mejor calificación energética aumenta el valor de nuestra vivienda, disminuye costes en la factura de la luz, en algunos municipios conlleva bonificaciones de IBI… Y lo más importante: la diferencia de confort entre una calificación y otra superior puede cambiar radicalmente.

Caso práctico: mejora energética en una vivienda en Torrevieja

En el siguiente ejemplo, partimos del análisis exhaustivo de la realidad actual de una vivienda unifamiliar en Torrevieja (Alicante). Con unos cerramientos e instalaciones tipo del año 2000, tenemos una calificación E:

Sobre esta vivienda, hemos realizado el análisis de introducir medidas de mejora, como son el aislamiento de fachada por el exterior (SATE), y la mejora de aislamiento de cubierta.

Con estas medidas, nos vamos a una letra D, con un ahorro significativo del 70,5% en demanda de calefacción y un 34,7% en demanda de refrigeración.

Ahorro energético y económico tras la reforma

Donde antes se consumían 112 kWh/m2.año, ahora se consumen 33 kWh/m2.año. Como hablamos de una vivienda de 196 m2 útiles, tenemos un consumo original de 21.952 kWh/año frente a 6.468 kWh/año tras reforma.

Como esos kWh son de origen eléctrico, tomamos un precio de 0,12 €/kWh; un valor normal a marzo de 2026 para viviendas, y vemos que, sin aislar, nos costaría 2.634,24 € calefactar nuestra casa, mientras que aislando, 776,16 €. Un ahorro anual de 1.858,08 €.

¿Cuánto nos cuesta la intervención? Nosotros hemos estimado un presupuesto de unos 20.000 € en este ejercicio, contando con un SATE de 6 cm de espesor y un aislamiento de cubierta mejorado basado en la colocación de planchas de XPS de 10 cm, con lo que amortizaríamos en 11 años, pero el cálculo no termina ahí.

Hasta ahora, hemos hablado únicamente de amortización de coste, pero no jugamos con el resto de variables:

Todo esto es algo que sólo se puede ver con un análisis energético de la vivienda que va un poco más allá. Si te interesa este ejercicio, y quieres ver qué puede realizarse en tu vivienda para mejorar desde un punto de vista patrimonial y de confort, no dudes en contactar con nosotros.

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